| Montando el campamento junto al glaciar |
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Entramos temprano en el Parque de Torres del Paine para estar a las 10:00 en la Guardería Grey. Ahí habíamos quedado para hacer la carga de los caballos. Ya la llegada al Parque parecía indicarnos cómo iba a ser el tiempo, lluvioso. Ni el Gran Paine, ni las Torres, ni siquiera los Cuernos se podían ver. Estaba todo cubierto por un bajo techo de nubes que lo único que traía era agua y más agua. Al pasar por la pista del Parque junto a las Torres, me esforzaba por ver y querer vislumbrar alguna de sus erguidas y majestuosas figuras... pero lo único que conseguía era ver las gotas de lluvia en el cristal de la ventanilla y al fondo todo era gris, como una cortina opaca que cubriera completamente el paisaje. Era la primera vez que no podía ver ninguna de estas formaciones tan propias y típicas del Parque de Torres del Paine. Sé que no es muy fácil tener la suerte de verlos completamente despejados, pero parecía que ésta se había puesto de mi parte en los años anteriores que por aquí había pasado. Sin embargo ahora parece haberse olvidado de mí ..... bueno, todavía queda una posibilidad, al final de la expedición, cuando regresemos. A ver si para entonces nos brindan con una despedida majestuosa. Según avanzaban las primeras horas de la mañana y nos acercábamos a la Guardería Grey, en uno de los extremos de las pistas del Parque, comprendía que la lluvia sería nuestra compañera inseparable durante la caminata a la estación de medida que tenemos implementada en el Glaciar Tyndall. Y así fue, el recorrido a pie de los 36 kilómetros –estimación dada por los que nos transportan la carga a caballos- fue completamente pasado por agua. La que nos caía de la lluvia, la que se quedaba en nuestras ropas a través del roce con las hierbas y matorrales del camino, la de los charcos, el barro del suelo y la zona de turberas que nos tocó cruzar .... la única esperanza que nos quedaba era que al llegar al lugar para montar el campamento dejara de llover y poder montar así las tiendas de campaña secas. Pero este deseo nuestro fue sólo eso, un deseo. El campamento hubo que montarlo bajo la lluvia. Cierto es que fue un verdadero placer meterse dentro del saco de dormir. Por fin...., parecía que todavía quedaba algo seco. Y que sensación tan confortable dormirse sintiendo fuera de la tienda el agua que no cesaba de caer.
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