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“Chofericos”

 

 

Seguimos hablando de las carreteras islandesas y la cantidad de gente que circula por ellas en los últimos años durante los meses de verano, debido al incremento del turismo. Ahora hay que conducir con cien mil ojos si no te quieres llevar una sorpresa. Muchas veces te ves obligado a orillarte saliéndote del asfalto porque el conductor que viene en sentido contrario parece tener miedo de ocupar sólo su carril.

El otro día circulando por uno de los puentes, bastante largo, habíamos entrado ya en él y llevábamos unos 80 metros recorridos, cuando con sorpresa observamos que frente a nosotros entraba un coche. En ese momento iba yo al volante y con asombro exclamo: “¿qué está haciendo ese tipo?” Reduzco más todavía la velocidad y tengo que terminar deteniéndolo, ya que el coche frente a nosotros continuó avanzando. Nuestra sorpresa iba de aumento en aumento al verlo tratar de orillar el coche a su derecha y mirando a su izquierda como indicándonos que continuemos nuestro camino. Pero poco más de un metro sobra de anchura en el puente con un coche ya dentro.

Y el hombre que conducía empeñado en que pasemos, haciendo gestos con la mano para que avancemos. Al igual que su compañera sentada en el asiento del copiloto. Yo pensaba que era una broma y sonrío, esperando que de marcha atrás. Pero al ver que la indicación de pasar nos la hacen completamente convencidos, mi sonrisa desvanece y comienzo a ser consciente que no tienen ni idea de dimensiones. Con gestos, desde el coche les indicamos que no podemos pasar a su lado, que no hay espacio suficiente y que deben de dar marcha atrás y salir del puente. Dialogan entre ellos y al final el conductor comienza a dar marcha atrás… “¡Menos mal!”, pensé.

No, pero no estaba todo hecho. Nos dimos cuenta entonces que no sabía dar marcha atrás. No llegaba a avanzar 2 metros y se torcía contra el puente, teniendo entonces que volver hacia delante y comenzar la maniobra hacia atrás. Una y otra vez, y no daba recorrido hacia atrás ni un metro. Peor que si estuviera en una autoescuela aprendiendo. “¿Recorrerá alguna vez los 20 metros marcha atrás? Dan ganas de bajarse a moverle el coche” pensaba. Miro hacia atrás y veo que ya tenemos una cola enorme tras nosotros y el puente lleno de vehículos… “Un choferico” decía Adolfo, “en Estella diríamos que es un choferico”.

Por el frente se habían juntado también más vehículos, parados a la entrada del puente. La conductora del primer vehículo que esperaba en la entrada del puente -islandesa, por las apariencias- se baja, se acerca al “choferico”, le pide salir del coche, sube ella y le saca el coche del puente.

Tras esta anécdota empecé a entender porqué hay tantos vehículos que no se orillan nada al cruzarse con otro en estas carreteras estrechas… simplemente es que no tienen sentido de las dimensiones. ¡Qué peligro! Si esto ocurre en los tramos de carretera asfaltada, imaginaros en las pistas…