| Se cancela la ida a la península antártica |
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Artigas, la Base Científica Antártica de Uruguay, ¡qué bien la conocía de otros años! Una ojeada alrededor, el glaciar Collins al lado, rodeados de nieve y .... de nuevo esa magnífica sensación que lo invade todo en la Antártida: ¡Aquí el tiempo se ha detenido! Saludamos al personal que allí estaba, siempre es una gran alegría encontrar amigos de expediciones anteriores y esto suele pasar ya que no somos tantos los que trabajamos en estos lugares. Aunque con gusto me apetece seguir charlando con ellos tranquilamente, habrá que dejarlo para otro momento ya que tenemos sólo algunas horas antes de embarcar de nuevo y continuar rumbo a ECARE, un refugio uruguayo en la Península Antártica. Y en estas horas que disponemos, Adolfo y yo debemos cambiar una sonda de la estación de medida que implementamos aquí. Ha habido problemas con las baterías debido a las bajas temperaturas invernales, de manera que debemos reponerla – por otra más resistente – antes de que comience la descarga glaciar en esta primavera y así no perder la continuidad de los datos. Esta estación de medida que instalamos en esta parte de la Antártida en el año 2001 es una de las cuatro que hasta el momento tenemos funcionando en continuo. Con ellas monitorizamos glaciares en ambos círculos polares para medir la descarga glaciar, analizando el papel que ésta representa frente al calentamiento global que sufre el planeta generado por el efecto invernadero, produciendo un aumento gradual de la temperatura ambiente. Como consecuencia de este aumento de la temperatura, la masa de hielo de los grandes casquetes glaciares disminuye por fusión y ahí entramos nosotros a trabajar. Estas cuatro estaciones de medida que hemos implementado (en Islandia y Svalbard en el Hemisferio Norte, y en Patagonia y la Antártida Insular en el Hemisferio Sur), registran datos en continuo con intervalos horarios, lo cual nos permite obtener series temporales para poder tratar posteriormente con métodos matemáticos objetivos. Estos registros en continuo son de gran utilidad como indicadores para estimar la evolución temporal del calentamiento global y la implementación de más estaciones de medida en ambos hemisferios permitirá conocer la distribución en latitud de la descarga glaciar. Por esta última razón una de las partes de esta expedición a la Antártida se centra en adentrarse en la Península Antártica y tratar de explorar nuevas cuencas glaciares estudiando la posibilidad de implementar una nueva estación de medida a latitud más elevada. En unas horas el Vanguardia continuará su camino hacia ECARE, por eso debemos actuar rápido y realizar el cambio de esta sonda averiada. Nuestra primera sorpresa al desembarcar en la isla de Rey Jorge donde se encuentra la Base Artigas, es encontrar ahora a finales de noviembre bastante menos nieve que hace dos años a mitad de diciembre. Pero las sorpresas continúan, el río que drena la cuenca glaciar del casquete Collins que tenemos seleccionada está circulando ya después del invierno. Lleva muy poco agua, pero entre la nieve se dibuja su pequeño lecho. ¿Y, qué hay de extraño en ello? Según nos informan en Artigas empezó a circular el 24 de Noviembre, pero hace dos años la última vez que estuve allí recuerdo que comenzó el 14 de Diciembre. Y todavía más, en 1991 comenzó a principios de Enero según me cuenta uno de los miembros de la dotación de aquel año. Todos son indicativos del aumento de la temperatura, ocasionado por el calentamiento global.
Dormimos en la Base sin embarcar de nuevo al Vanguardia, en espera de que al día siguiente se tomara la decisión final. Yo tenía esperanza de poder pisar por fin la Antártida continental y no quería creer lo que se rumoreaba. No se confirmaba la noticia hasta el final de la tarde y pasé un día bastante nerviosa y preocupada hasta escuchar las palabras que jamás hubiera deseado oír: “Definitivamente este año no podremos ir a ECARE. La tempestad es larga y el tiempo que tendrá que demorar el barco esperando a que pase, trastorna todos los esquemas de combustible y logística para el Vanguardia. Se ve obligado a tener que retornar ya a Montevideo una vez concluya la descarga de víveres, material y combustible que trae para la Base Artigas.” Aunque era esperado no pude evitar que se desmoronara en mi interior la enorme ilusión que me invadía por conocer el sexto continente y tratar de ubicar allí otra estación de medida. “¡Venga ese ánimo!” me dice Adolfo, “La Península sigue estando ahí, nadie la quita de su lugar. Ya habrá ocasión de trabajar allí”. Poco a poco me fui convenciendo a mí misma de que eso era cierto y siendo consciente de que realmente la meteorología es la que manda por encima de los deseos o intereses de las personas. Durante los días que duró la tempestad el Vanguardia tenía previsto fondear en la caleta Potter, donde se encuentra la Base Argetina Jubany, pero al parecer no fue posible y tuvieron que capear el temporal aproando los vientos y realizando idas y vueltas a lo largo del estrecho de Bransfield, entre las islas Elefante y Decepción. ¿Qué ocurría? ¿Por qué no pudieron fondear? “El ancla garreaba”, me explica Adolfo. “En estas caletas hay muchos sedimentos finos, casi coloidales, provenientes de las descargas de los glaciares, lo cual impide en muchas ocasiones que el ancla sujete al barco. Esta circunstancia se exacerba cuando los sedimentos arrastrados por el drenaje subglaciar proviene de terrenos volcánicos –como es aquí el caso- , ya que su hidrólisis suele dar arcillas expansivas.”.
Dos nevadas sucesivas de varios días de duración impiden por el momento la continuación con nuestro trabajo en el río, al quedar éste cubierto por la nieve. |


Terminamos de realizar el cambio del sensor a medianoche, menos mal que aquí la noche como tal no existe y la claridad nos permitió concluir tranquilamente. Contentos por el resultado, pues todo está listo para empezar a registrar los valores de descarga de este verano antártico, entramos en la Base. Allí estaba el capitán del Vanguardia, que había desembarcado con nosotros, pero nos recibe con una mala noticia: “Vamos a tener que cancelar el viaje a ECARE, se espera una tempestad con fuerza 9”. Mientras escuchaba esas palabras, recordaba el mapa de predicción que me había enseñado uno de los meteórologos del barco esa misma mañana, las isobaras estaban tan juntas en la zona de la Península por donde teníamos que navegar que se espera fuerza 9 en el mar. No, imposible desembarcar en esas condiciones.
Mientras todo esto ocurría en el mar, aquí habíamos comenzado ya los trabajos en el río que drena la cuenca glaciar seleccionada para la investigación. Son unos días duros de trabajo, el temporal viene con vientos fuertes, nieve y bajas temperaturas, que hacen que el río se congele una y otra vez, viéndonos obligados a palear casi continuamente para poder realizar medidas en el mismo con bajo caudal y evitar que el agua embalse y falsee los registros.